EL ORIGEN DEL NACIMIENTO DE BUDA

Nacimiento de Siddhartha en Lumbini

 Aniversario en 2008: 20 de Mayo (luna llena)


 Vida de Shakyamuni

 El sabio de los Shakyas

Nacimiento

Hacia el siglo VI a.n.e., la India se encontraba económicamente hablando, en un período de transición, y se había puesto en uso el dinero en forma de monedas.

El centro político se encontraba en el valle del río Ganges. En esa época, la religión y la filosofía lograron un notable desarrollo. Cerca de Shravasti, la capital de los Kosala, hacia el noroeste, en la región Tarai (actualmente Nepal), en las faldas sureñas del Himalaya, a orillas del río Rohini, estaba la capital del reino del clan de los Shakyas, uno de los numerosos grupos étnicos que ocupaban un pequeño territorio. Estaban subordinados a los Kosala. La capital del estado era Kapilavasthu y su rey, Suddhodana. La esposa del rey era nativa del vecino estado de Koliya, se llamaba Maya, y también era conocida como Mahamaya. No tenían hijos y durante mucho tiempo anhelaron tener uno. Hacia el 560 a.n.e., en el tiempo del festival de verano, Mahamaya tuvo un sueño. Soñó que los guardianes de los cuatro puntos cardinales la llevaban hacia los Himalayas, donde la bañaban en el lago Anutatta, depositándola luego en un delicado lecho de una mansión celestial en la Colina de Plata. Luego, un hermoso elefante blanco con una flor de loto blanca en su trompa, penetraba por su costado derecho hasta su vientre. Al día siguiente contó el sueño a su esposo. El Rey estaba desconcertado, entonces mandó a buscar a algunos hombres sabios que pudieran explicarle el significado del sueño. Los sabios respondieron que daría a luz un hijo varón, el cual de adoptar la vida de hogar se convertiría en un monarca universal, pero si abandonaba su hogar, riquezas y posición y adoptaba la vida religiosa, se convertiría en un Buda, ayudando al mundo a liberarse de la ignorancia y del sufrimiento.

Al cabo de diez meses lunares, como era costumbre, la futura madre partió a visitar a su familia, la cual estaba en Devadaha. En medio del viaje decidió descansar en el parque de Lumbini, un bosquecillo de árboles Sala.  En aquél momento, el parque estaba lleno del dulce perfume de las flores que crecían en los árboles Sala, y miles de pájaros, abejas y otros insectos se agrupaban en ellos. El hermoso parque con sus árboles y flores perfumadas y el canto de los pájaros y las abejas atrajeron a la Reina. Como el parque era un buen sitio para descansar, la Reina ordenó a quienes llevaban el palanquín que se detuvieran allí durante un rato. Se paró frente a un gran árbol y levantó su mano derecha para alcanzar una flor y en esa posición, con el brazo extendido y de pié, dio a luz desde su costado derecho. El nacimiento se produjo en el mes de Vesak, el día de luna llena (en general se toma el año -563).

Cuatro devas (seres celestiales) recibieron al niño en una red dorada, mientras dos elefantes derramaban agua para bañarlo. El bebé comenzó a caminar y dio siete pasos hacia adelante, apareciendo en la tierra a cada paso que daba, allí donde sus pies habían pisado, una flor de loto. Reconoció cuanto lo rodeaba y exclamó en voz alta:

 

“Soy supremo en el cielo y en la tierra.
Este es mi último nacimiento.
No habrá más renacimientos para mí”.

 

Mientras lo hacía apuntaba al cielo con su mano derecha y a la tierra con su mano izquierda.

Luego el pequeño fue llevado a Kapilavasthu. Un sabio ermitaño, concentrado en samadhi (estado de meditación profunda), visitaba el “Cielo de los Treinta y tres” (Trayastrimsa), donde los devas estaban llenos de júbilo. Conociendo que la razón era el nacimiento en la Tierra de un futuro Buda, decidió retornar a la misma y dirigirse hacia él para rendirle homenaje. Descendió de las montañas y fue a su encuentro; luego de observarlo se inclinó a sus pies, ante la admiración de Suddhodana, quien no comprendía que un importante sabio como él se inclinara ante su pequeño niño. El ermitaño le dijo: “Este niño está dotado de las treinta y dos marcas de buen augurio”. Estas marcas mayores y las ochenta menores sólo se encuentran en un Buda o en un monarca universal. Advirtió al Rey que si su hijo se quedaba en su hogar podría llegar a ser un Chakravartin (monarca universal), pero si renunciaba a la vida de hogar llegaría a ser un Buda.

Al quinto día se celebró la ceremonia del nombre, donde fue llamado Siddharta, “el que lleva todo a buen fin” (siendo Gautama su nombre familiar). De ocho brahmanes adivinos, siete predijeron que sería un monarca universal, acorde con el deseo de su padre, quien quería que fuese el heredero de su trono. Sólo uno de ellos, llamado Kondañña –quien más tarde se convertiría en uno de sus primeros discípulos– predijo con seguridad que llegaría a ser un Buda.

Al séptimo día del nacimiento de Siddhartha, su madre Mahamaya murió y el niño fue puesto al cuidado de su hermana Prajapati, quien también era esposa de Suddhodana.

Desarrollo

A los siete años, el príncipe comenzó a estudiar el arte de las letras y de la guerra. Un día de primavera, en ocasión de una fiesta de la siembra, salió al campo acompañando a su padre. Contemplando cómo el agricultor labraba la tierra, vio que un pequeño pájaro se llevaba en su pico a un pequeño insecto que había quedado prendido del arado al ser removida la tierra. “¡Pobres!, las criaturas vivas se comen unas a las otras”. Diciendo esto se sentó solo bajo un árbol a meditar y lo hizo varias horas sin que la sombra del árbol se moviera, entrando en el primer grado profundo de meditación.

El Rey decidió casar al príncipe a la edad de 19 años, eligiéndole como esposa a la princesa Yashodara, hija de Suprabuddha, quien era hermano de la fallecida reina Maya.

Durante los siguientes 10 años, aunque llevaba una vida de alegría, rodeado de danzas y música en los diferentes palacios, de primavera, de otoño y de la época de lluvias, el príncipe no dejaba de sumergirse en profunda meditación para tratar de comprender el verdadero significado de la vida.

Los cuatro encuentros

Tras haber llevado una vida llena de lujos y placeres, privado del contacto con las cosas tristes de la vida, se encontró en tres paseos sucesivos por los límites de los jardines reales, con escenas por él desconocidas hasta entonces, las que repercutieron profundamente en su interior: un anciano débil y desprotegido, doblado por los años, caminando apoyado en su bastón, un enfermo débil y delgado y el cuerpo de un muerto llevado por sus parientes para ser cremado. Al saber que ni siquiera su linaje lo aislaría de esos infortunios que a todos afectan por igual (la vejez, la enfermedad, la muerte), se dio cuenta de la inutilidad de gastar la vida en lujos y placeres y deseó encontrar un medio para liberarse de tales tribulaciones. En un cuarto paseo vio a un asceta –quien llevando una vida de renuncia a las cosas materiales y dominando sus pasiones, vaga en búsqueda de la verdad– lleno de paz interior a pesar de su humilde y desapegada forma de vida, lo que le sirvió de inspiración para saber qué camino tomar. Entonces, a pesar de la negación de su padre y de la noticia de que había nacido su hijo, por todos los seres y por sí mismo abandonó sus riquezas, su familia y su futuro trono y partió en busca del remedio para la enfermedad, la vejez y la muerte. Salió del palacio en su caballo blanco, Kanthaka, acompañado solo por su sirviente Chandaka, cortó su coleta real y cambió sus finas ropas por harapos.

Búsqueda de la Verdad y de la liberación

Durante seis años aprendió las enseñanzas de los grandes maestros espirituales de la época, viendo que no eran suficientes para lograr la Liberación, y comenzó a hacer su propia práctica en el bosque de Uruvila, a orillas de un río. Siguió prácticas extremas de automortificación. Al darse cuenta de que eso no lo llevaba a encontrar las respuestas ni a liberarse del sufrimiento, abandonó las prácticas extremas. Se bañó en el río Neranjana para limpiar la suciedad del cuerpo, abandonó su ayuno extremo, aceptó comida de manos de una mujer llamada Sujata, y recobró las fuerzas. Los cinco ascetas que acompañaban al príncipe en la vida en el bosque, se asombraron al verlo recibir comida de la mano de una mujer, pensaron que había sido vencido, lo abandonaron y se fueron a otras tierras.

Así, el príncipe quedó solo en el lugar. Se sentó bajo un árbol y en silencio entró en su última meditación, aún con riesgo de perder la vida. “Que se seque la sangre, que se pudra la carne y se rompan los huesos, porque hasta encontrar el camino de la Iluminación no me levantaré de este lugar”. Esa era la resolución del príncipe.

Aquel día el príncipe experimentó una lucha intensa e incomparable. Desesperación, pensamientos confusos, sombras negras del corazón, figuras horribles de la mente. El príncipe los persiguió hasta el más recóndito rincón de su ser y los fue echando uno por uno.

Terminó la dolorosa lucha y, al amanecer, al ver la estrella de la mañana, brilló con luz divina, y alcanzó la Iluminación. Se convirtió en un Buda, un Despierto, un Iluminado. Esto sucedió cuando el príncipe contaba con treinta y cinco años de edad.

Prédica

Durante los siguientes cuarenta y cinco años difundió sus enseñanzas, exponiendo las leyes que había descubierto, adecuando sus palabras según su auditorio. Enseñó con amor a sus discípulos, predicó hasta el último momento, y concluyendo su misión como Buda, el Gran Maestro del Mundo, entró, en completa tranquilidad, en el Nirvana, dejando un excelente ejemplo y una gran guía para la humanidad, lo que sirvió de base para lo que hoy conocemos con el nombre de Budismo.

 

 *El texto fue armado en base a material proveniente de distintas fuentes.

 

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