Prácticas usuales

  

  Algunas de las prácticas usuales de laicos budistas son: seguimiento de los cinco preceptos, lectura de Sutras, realización de reverencias, realización de reverencias con repetición de oraciones de arrepentimiento, meditación diaria, asistencia a conferencias de exposición del Dharma (doctrina), etc. Repetición de nombres de Budas y/o Bodhisattvas (nien-fo). Ofrecimiento de inciensos, flores o comida a los seres santos. Creación de méritos a través de acciones meritorias como ser: colaboración con aquellos que necesitan distintos tipos de ayuda, ya sea económica, a través de enseñanza, a través de acciones, etc. Servicio de ayuda en los monasterios: ayudando a limpiar y ordenar, colaborando económicamente, ayudando en lo que se necesite, colaborando en traducciones o revisiones de textos, etc. Las formas de práctica varían según la forma de Budismo que uno siga, los maestros y el lugar del mundo en que nos encontremos.

 “Si desea conocer plenamente a los Budas de los tres períodos de tiempo, sólo tiene que observar la naturaleza de este mundo del dharma (de los fenómenos): todo es creación de la mente”.

    Todo tiene su origen en la mente y por lo tanto depende de ella. El mundo en el que vivimos está creado por la mente; esta da forma a nuestra realidad.
Con una actitud tranquila y equilibrada, en cualquier situación estaremos contentos y haremos de este un hermoso mundo. En cambio, con una actitud contraria a esta, podemos hacer que este mundo parezca un infierno. Para lograr una actitud tranquila y equilibrada debemos cultivar una conducta moral adecuada, practicar meditación, concentración, y desarrollar la sabiduría.

    Al cambiar la forma en que vemos el mundo, éste se muestra de una manera diferente.
    Normalmente, la gente busca la felicidad en los estímulos externos: las fiestas, el dinero, el sexo, la ropa, las comidas, etc. Esto hace que la mente esté en un estado eufórico que no es realmente la felicidad verdadera. Así dependemos directamente de lo externo.
    Estamos llenos de deseos, los cuales, una vez satisfechos, siguen generando nuevos deseos, y permanecemos así en un estado constante de insatisfacción. No sabemos distinguir lo que necesitamos de lo que queremos. Para lograrlo debemos controlar nuestros deseos y transmutar nuestra ignorancia con los conocimientos verdaderos.
    El Budismo nos enseña a ver las cosas tal como son y a través de la puesta en práctica de una enseñanza correcta, por medio del esfuerzo personal, nos permite acceder a la posibilidad de corregir nuestros malos hábitos y ampliar nuestro conocimiento, desarrollando la sabiduría trascendente. Esta a su vez nos permitirá cruzar el océano de la existencia hasta la otra orilla, la de la Iluminación, de la Liberación, logrando así el Nirvana, la extinción de todo sufrimiento.
    Con la puesta en práctica de esta forma de vida, se logra la armonía en la familia; con la armonía en la familia, se logra la armonía en la sociedad; luego se puede lograr que el país sea próspero y armonioso, y así, la esperanza de la tan ansiada paz mundial, podrá estar más cerca de su logro de lo que imaginamos.

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