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Durante
la dinastía Tang (618-907), Wu-ta, un monje budista, se encontró en la
capital con otro monje que tenía una enfermedad por la que todos se
alejaban de él. Wu-ta lo ayudó mucho y se entabló entre ellos una
gran amistad. Como era costumbre, ese monje deambulaba buscando
diferentes maestros para conocer nuevas doctrinas y prácticas. Llegado
el momento de irse, dijo a Wu-ta que si alguna vez necesitaba ayuda,
contara con él, y podía buscarlo en su templo, una montaña con dos
grandes pinos.
El
monje Wu-ta se hizo famoso por su práctica profunda y su moralidad.
Gracias a ello, el mismo Emperador lo invitaba a dar conferencias y
solía pedirle consejo. El Emperador le regaló una silla hecha de una
madera especial para que utilizara cuando exponía enseñanzas. Al
recibirla, surgió un poco de orgullo en Wu-ta.
Luego
le salió una herida en su rodilla con forma de rostro humano, la cual,
si tenía comida cerca, abría su boca y la comía. La herida le dolía
mucho. Nadie podía curar esa extraña enfermedad.
Entonces
se acordó del otro monje y fue a buscarlo. El otro monje lo recibió
con agrado y escuchó su problema. Le dijo que podía curarse con el
agua de una fuente que se hallaba junto a su templo. Un novicio lo
llevó a la fuente y, al querer lavar la herida, el rostro gritó y dijo
que no podían hacerle eso. Luego contó que en otra época, durante la
dinastía Han del Oeste (-206 a 24), hubo dos personas famosas de la
misma dinastía, y que eran ellos dos (Wu-ta y el fantasma de su
rodilla). Wu-ta, en esa vida, mató a l a
otra persona por error, cortando su cuerpo por la mitad. El odio y el
deseo de venganza surgieron en ese hombre, pero su fantasma no pudo
hacer nada durante diez vidas sucesivas, porque Wu-ta siguió la vida de
monje y practicó muy bien, manteniendo una gran conducta moral,
entonces no tuvo oportunidad de vengarse. Al surgir el orgullo al
recibir la silla, el fantasma pudo entrar en su cuerpo. El fantasma
conocía el poder del agua y contó esa historia y dijo antes de que lo
hiciera, que si lo lavaba con esa agua los ayudaría a resolver el
problema disolviendo el odio, porque era indispensable que Wu-ta lo
supiera antes de que lo eliminaran. Al lavar la herida, Wu-ta sintió
mucho dolor y se desmayó; al despertarse, su rodilla ya estaba curada.
Al querer volver al templo, el templo ya no estaba. El monje que ayudó
a Wu-ta era un Arhat que había ido a ayudarlo (un ser del más alto
grado de santidad, quien ya no tiene más nada que aprender). Al agua de
la fuente se la conoce como agua de samadhi -san mei shui (san
mei shuei)-.
Al
regresar a su templo en la ciudad, lleno de arrepentimiento, escribió
todo lo que vivió en esa experiencia y se arrepintió de todo lo
dañino que hubiera hecho en sus vidas. Luego repartió copias de sus
escritos, en los que cuenta que siempre se puede enmendar los errores y
que como él, pueden todos arrepentirse y al darse cuenta que se han
equivocado, corregir sus errores y cambiar. Así surgió esta ceremonia.
Contiene muchos conceptos sobre Budismo, las vías de renacimiento,
causas que llevan a renacer en las distintas vías, causas que llevan a
los diferentes cielos e infiernos, relaciones de causa y efecto, etc.
Recomienda el camino del Bodhisattva y no sólo satisfacerse con una
buena vida. El mundo es impermanente y no se sabe qué pasará. En todas
las ceremonias de arrepentimiento se repiten mucho los nombres de
Buddhas y Bodhisattvas y se les hace reverencias y cantan alabanzas,
como una forma de honrarlos e invocarlos para que certifiquen el
arrepentimiento que uno manifiesta. |