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Solamente
a través de la visión directa de la verdad alguien puede
estar seguro de sus cualidades. En este sentido, la fe ciega es justamente
el opuesto de aquello que se espera del verdadero buscador de la Verdad.
La fe ciega, o la creencia, no es nada más que un modo de tapar
un agujero, el cual debería ser rellenado con el conocimiento. En
ausencia de éste, aparece la creencia.
No encontraremos,
por lo tanto, la concepción de una creencia pura y simple siendo
estimulada en las enseñanzas buddhistas. La palabra más próxima
para “fe” es “saddhâ”, que significa mucho más “convicción”
que “creencia”. Saddhâ o shraddhâ (en sánscrito) comporta
tres aspectos según Asanga, el gran maestro buddhista del siglo
IV:
1) Convicción completa
y firme sobre lo que una cosa es.
2) Alegría serena
en razón de las buenas cualidades.
3) Aspiración o ansia
de tener la capacidad de alcanzar un objetivo en vista.
En el primer aspecto,
saddhâ es la fe como una etapa posterior al conocimiento. Porque
sabemos algo, por experiencia o intelección, es que tenemos fe en
aquello. Saddhâ es, aquí, la fe en el conocimiento o sabiduría
ya conquistada.
En el segundo
aspecto, saddhâ se liga con la tranquilidad en la virtud adquirida.
Aquel que desarrolló las cualidades saludables como la sabiduría,
la compasión, la generosidad, la honestidad y otras, y consciente
de su campo de virtudes, es tranquilo y, por lo tanto, confiable. Es como
alguien que, habiendo visto los resultados de su plantación y consciente
de su abundante cosecha, está seguro y contento con relación
a su situación económica. Saddhâ aquí tiene
que ver con seguridad, todo esto en relación con los bienes (espirituales)
conquistados.
En el tercer aspecto, finalmente, saddhâ
se refiere a la esperanza. Poseer saddhâ aquí significa desear
y confiar que sus objetivos serán realizados. En el camino espiritual
uno nada conseguirá si comienza sin esfuerzo y dudoso de los resultados
de ese esfuerzo. Es como alguien que comienza un viaje pero no desea ni
cree que llegará a su destino. Éste, al primer obstáculo
desistirá, y sus expectativas pesimistas de hecho se cumplirán.
En ninguno de
estos tres sentidos vemos saddhâ como fe ciega o creencia en algo
sin sentido. Por el contrario, es aquella confianza que surge en aquello
que ya se conoce. Este conocimiento le da confianza. Y, por conocer, uno
confía que alcanzará la próxima etapa del camino.
Como dice el Buddha: “... Oh bhikkhus, yo digo que la destrucción
de las manchas y de las impurezas es el trabajo de una persona que sabe
y ve, y no de una persona que no sabe y que no ve” (Samyutta Nikâya
III, PTS trans, p. 152). Sigamos, entonces, el consejo del Buddha: ¡Vengan
y vean por sí mismos la verdad y los resultados de la práctica
del Dhamma!.
Todas estas reflexiones
deben llevarnos a aproximarnos cada vez más a la vida meditativa
y a aquellas personas que reconozcan su valor. Una vida de mayor responsabilidad
por las propias acciones de la mente, por el otro y por todo el universo.
Creemos que hay muchas posibilidades de diálogo entre el Cristianismo
y el Buddhismo, a partir de que algunas barreras, principalmente de conocimiento,
sean superadas. En Brasil, este diálogo prácticamente no
existe. Hay poquísimas personas que realmente entienden el Buddhismo,
y los libros que se escriben y traducen, en su mayoría, no son muy
buenos, ni precisos. En el exterior, sin embargo, esto se viene haciendo
cada vez en mayor escala. En los Estados Unidos, por ejemplo, existen diversos
foros permanentes de debates realizados por monjes y monjas de Oriente
y Occidente. Son lugares de encuentro dedicados específicamente
al diálogo a nivel monástico. Una de las principales actividades
en estos encuentros es el intercambio de experiencias entre monjes de diferentes
tradiciones. Un grupo de monjes cristianos va a hacer una estadía
en algún monasterio tibetano o japonés y, entonces, un grupo
de monjes buddhistas pasa algún tiempo en Europa o en los Estados
Unidos. Son hospedados por los propios monjes e intercambian valiosas preguntas
y respuestas sobre sus vidas religiosas y sus principios. Este diálogo
es apoyado por el Vaticano y por representantes de innumerables monasterios
buddhistas en Asia.
Se les debe mucho, en Occidente, a los
trapenses, una de las principales órdenes contemplativas cristianas,
y a los benedictinos. Thomas Merton, un monje trapense, será siempre
recordado en todo el mundo por sus profundas contribuciones en este entendimiento.
Sin miedo de tener su fe cuestionada, fue al encuentro de otras formas
de vivencia contemplativa, con la confianza de que iría a encontrar,
en este nivel contemplativo, no una oposición sino una comunión.
Su gran importancia para la paz y la comprensión entre las religiones
de Oriente y de Occidente aún debería ser mejor divulgada.
Finalmente, tenemos
que hablar un poco sobre lo que se venera en el Buddhismo. Los occidentales
generalmente lo confunden con las más exóticas prácticas.
Infelizmente, el primer contacto viene casi siempre a través del
exotismo. También algunos orientales quedan sorprendidos, e incluso
amedrentados, al ser informados que la religión de los occidentales
tiene como rito principal un festín antropofágico del cuerpo
y la sangre de su fundador. ¡No es casualidad que el Buddhismo diga
que la ignorancia es el peor de los enemigos!.
“Las Tres Joyas”
son una forma simple de ver lo que el Buddhismo considera loable. De forma
constante, los buddhistas las loan y homenajean. La primera Joya es el
Buddha, Aquel que trajo el Camino para la extinción del dolor y
del sufrimiento. Buddha significa el Despierto, Aquel que despertó
de la ilusión. La segunda joya es el Dhamma, que tiene varios sentidos.
Uno de ellos es la propia enseñanza. Dhamma es la doctrina del Despertar.
Pero hablaremos de él un poco más adelante. La tercera Joya
es llamada Sangha, la Comunidad de aquellos que comprendieron y realizaron
el Camino del Despertar. Es lo que se podría denominar la Comunidad
de los Santos. En estas tres está aquello que es lo más precioso
en un camino espiritual. En realidad, todas las religiones tienen estas
joyas. Un Fundador, que realizó completamente aquello que enseña
y trae este mensaje al mundo, una Enseñanza de la Salvación
o Despertar, y una Comunidad de Realizados que dan el ejemplo a todos.
Otra forma de considerar la veneración
es ver más de cerca el significado de la palabra Dhamma. Tiene cuatro
significados principales:
1) El Fundamento Último
de todas las cosas, la Naturaleza esencial de todo lo que existe.
2) Las Leyes que rigen el
universo.
3) Los deberes que se derivan
de estas leyes.
4) Los frutos que vienen
del cumplimiento de estas leyes.
El tercer sentido
de Dhamma tiene una importancia especial aquí. Cuando crecemos espiritualmente,
comenzamos a comprender lo que el mundo realmente es, y ahí vemos
que todos tenemos deberes que cumplir, deberes que surgen de esta propia
comprensión. Ya no salimos por el mundo reivindicando derechos,
pero sí, cumpliendo lo que debemos cumplir. En este sentido, podemos
decir que loar al Dhamma o al Fundamento Último de todas las cosas
es comprender la Realidad y asumir nuestra porción de responsabilidad
ante todo el universo. De esta forma, se loa en el Buddhismo a través
del trabajo, de la acción, de la contemplación y de la compasión
por todos los seres. Algo muy próximo a la máxima cristiana:
“Ora et Labora”. |